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No se necesita una Ley de Policía Nacional: La solución empezaría con una Ley Nacional de Policías














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















Gobierno no significa razón. No significa elocuencia. Gobierno significa fuerza,
y como el fuego, es un sirviente peligroso y un amo temible.

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La naturaleza del gobierno es lo que define sus limites, un gobierno que los excede, no es más que un gobierno desnaturalizado. Como los gobiernos son entes de naturaleza represiva, deben limitarse a las funciones represivas. Si ha de existir gobierno, es para proteger los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad de todos y cada uno de los gobernados. Y la única forma de hacer tal cosa, es mediante ejércitos, policías y tribunales.

 

Del que los gobiernos se excedan de sus funciones naturales resulta una gran cantidad de males terribles, de los que para efectos de seguridad y defensa se destacan cuatro:

 

  1. Desatienden los gobiernos sus funciones naturales. 
  2. Se mezclan desordenadamente organismos públicos, naturalmente distintos y distantes.
  3. Se exceden también los gobiernos en poderes y atribuciones.
  4. El exceso se torna entonces en norma de conducta para los funcionarios.

En Venezuela sufrimos gobiernos crecientemente excedidos en funciones, poderes y atribuciones por décadas, con lo que ha crecido el empobrecimiento, la inseguridad jurídica y nacional, y ha caído la calidad de vida y la esperanza de progreso de la población.

Que la misma población se da gobiernos cada vez más excedidos, esperando de ello la solución de los problemas que el exceso de gobierno produce, es el único problema “cultural” a resolver por medio de la educación (en un sentido amplio) en nuestro país.

 

DEL EXCESO GENERAL AL CRIMINAL

 

Los asesinatos de estudiantes universitarios en el barrio Kennedy, se pueden calificar de exceso criminal del gobierno. Tan poco novedoso es el crimen en sí, como el método de encubrimiento intentado... que hasta el Presidente de la República se pregunta públicamente: ¿Cuántos inocentes no habrán sido asesinados impunemente de la misma forma?. Que un funcionario con casi siete años de gobierno diga que está tan consciente, como escandalizado de estos crímenes, para agregar que no se ha podido ocupar de lo que origina tales crimines, debido a que en algun trimestre de alguno de esos siete años sufrió un paro petrolero, y durante tres días de otro, un intento de golpe de estado -de cuyo fracaso salió fortalecido- nos habla de las excusas de todo gobierno excedido. Con o sin paros e intentos de golpe de estado, no se pueden ocupar de sus funciones naturales los gobiernos desnaturalizados de ayer y hoy. Y cada vez que el exceso de los funcionarios particulares, supera escandalosamente el del gobierno general, la atención que se le presta por escándalo al crimen de tales funcionarios, tiende a traducirse en nueva legislación por la que se incrementa el exceso de funciones, poderes y atribuciones del gobierno. Obviamente es un circulo vicioso.

 

EL MAYOR DE LOS EXCESOS

 

Ya que los presuntos asesinos serían funcionarios de la Dirección de Inteligencia Militar, actuando en complicidad con otros de la policía judicial, encontramos la separación entre funciones civiles y militares excedida. En un gobierno limitado, ordenado y eficiente, la función de un organismo de inteligencia militar sería proveer a los mandos, con toda información sobre los enemigos potenciales necesaria para la defensa nacional. Cosa que no tiene relación, más que accidental y ocasional, con las funciones y atribuciones de las policías.

Que los funcionarios militares y policiales que sufren el asesinato de algún colega, se dedicaran a la venganza buscando y asesinado a los culpables, sería un crimen terrible... y muy peligros para la población, entre otras cosas, porque están muy lejos de ser infalibles. El que en lugar de eso actúen como fuerza nazi de ocupación, reduciendo sus “venganzas” a ninguna búsqueda real, razias de abusos sistemáticos, y el asesinato de los primeros pendejos que encuentren en la zona de la razia criminal, es la razón más importante por la que no se puede tolerar lo primero. Inevitablemente conduce a lo segundo... y aún a cosas peores.

 

PANTALLAS Y OLVIDOS

 

El que una oposición no menos estatista -y por ello con su propia responsabilidad histórica de excesos gubernamentales, generales y criminales- pida un voto de censura contra el Ministro del Interior, por el presunto crimen de funcionarios de inteligencia militar en complicidad con funcionarios de la policía judicial, en lugar de empezar la solicitud de tal voto de censura por el Ministro de la Defensa, resulta curioso y lamentable.

Que el Presidente de la República hable de las políticas policiales de “cero tolerancia” y del lema de campaña “plomo al hampa” como causas de fondo de tal tipo de crímenes, no es menos curioso, ya que el candidato que tal campaña realizó venía de ser su ministro de la secretaría, y fue el más votado de los candidatos de su partido. El salto de talanquera posterior no resta nada del completo respaldo que la campaña política -con tono, promesas y lemas- de tal personaje recibió del primer mandatario. Sin tal respaldo jamás habría sido Peña Alcalde Mayor, y prueba de ello es que con el talanquerazo que le hizo perderlo dejó de serlo. Otra cosa es que nada tenga que ver el mentiroso populismo de los destemplados gritos del candidato Peña -prometiendo crímenes espantosos como supuesta acción de gobierno en plena campaña electoral- con el verdadero significado de “tolerancia cero” como filosofía de acción de las policías preventivas. La tolerancia cero con las violaciones menores a la Ley, para ser efectiva, empieza por casa. Por los propios cuerpos policiales preventivos.

 

SOLUCIONES FALSAS Y VERDADERAS

 

Sí otros crímenes, como los barrio Kennedy, han sido exitosamente encubiertos por los asesinos mediante la complicidad, es crítico recordar que se requiere para ello de la complicidad, activa y pasiva, de funcionarios que pueden ir desde lo militar hasta lo policial, pasando por lo judicial. Por ello no es razonable que la misma Asamblea Nacional que nombra comisiones especiales para investigar una red de presuntas complicidades criminales de tal tipo en el Estado Guarico, respondiese al problema de fondo de los excesos policiales -sin ocuparse de los militares- unificando todas las policías en una sola. Así sería más fácil y frecuente la complicidad necesaria para la acción criminal de los malos funcionarios, y desaparecería la sana y necesaria competencia política entre gobiernos regionales, por dar respuestas policiales propias y eficientes en la búsqueda de votos. Y sin eso, de poco servirían cursillos “intravenosos” de derechos humanos, especialmente cuando la otra parte del problema está en la ideología estatista que se enseña en las escuelas de formación policial... sin dejar de lado otros graves excesos que al interior de alguna de tales instituciones se ha denunciado públicamente, ayer como hoy.

El espectáculo de funcionarios de inteligencia militar haciendo de policías, así como policías en el papel de guardaespaldas de funcionarios, servicios de inteligencia policial patrullando disfrazados (y armados) de militares, policías judiciales cumpliendo funciones de patrulleros, o de patrulleros investigando en el papel de detectives judiciales, es una feria de excesos -y confusiones- que únicamente daña la seguridad de la población... y aún del Estado.

Lo que necesitamos es empezar por separar claramente lo militar de lo civil, y continuar separando claramente  funciones, atribuciones, poderes y limitaciones de una policía nacional de investigación judicial (que existe ya) dedicada única y exclusivamente a eso, en cooperación con policías administrativas y preventivas municipales autónomas, dedicadas, única y exclusivamente a eso, y policías estadales, también administrativas y preventivas, restringidas a extensas zonas rurales y vías públicas estadales únicamente. Y acaso... una policía nacional de aduanas. Eso es lo que se necesita separar, organizar y limitar por ley, para la seguridad de la población. El resto es la seguridad del Estado, que es un asunto de inteligencia militar -y civil- distinto y distante de la policía. Y como tal debe ser separado y manejado eficientemente dentro de los limites de la Ley. Y eso, que sería un buen principio, es tan sólo el principio.
















3erPolo

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