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El liberalismo libertario: La única respuesta ideológica a la revolución














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















"Si has estado votando por políticos
que han prometido darte cosas a costa de otros,
no tienes derecho a quejarte cuando tomen tu dinero
y lo den a otros, incluidos ellos mismos."
 Thomas Sowell

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Cuando el ciudadano Presidente de la República, en su carácter de supremo caudillo indiscutible de la izquierda venezolana, se dedicaba a explicar en larguísimos programas de la televisión Estatal, su absoluto rechazo a toda forma de capitalismo, y a lo que él denomina neo-liberalismo, sin concesión alguna para las absurdas, inconsistentes y nefastas “terceras vías” (tan queridas para la paleo-izquierda decadente que no acepta su supremo comando). Al tiempo que desarrolla políticas y practicas que son “clones” radicales de la lo que él llama “la cuarta república” conduce a notar tres cosas de cierta importancia, por muchos de los ciudadanos que se oponen a su gobierno:

 

1-     Que la revolución es una versión radical de lo que ya existía. Es decir, que no hay cambio de régimen, seguimos en el régimen estatista del socialismo dirigista de antes, pero con unos lideres nuevos, y un poco más radicales. Es decir que lo que ha cambiado no es el régimen de gobierno, sino el gobierno. Que es tanto como notar que tan izquierdistas son los de antes como los de ahora, y que ambos mienten cuando dicen que “él otro” no es realmente de izquierda. Otra cosa es que hay una renovación ideológica en que el neo-izquierdismo radical, desplazó al paleo-izquierdismo socialdemócrata. Y que tal proceso es global. Pero eso no conduce sino a más de lo mismo, y mucho más, pero siempre, de lo mismo.

 

2-     Que si no hay diferencia ideológica de fondo, no hay ventaja alguna en cambiar al gobierno y partido de izquierda actual, por los de antes. Por las mismas razones que no hubo ventaja alguna en cambiara aquellos por este. Ni la habría en una hipotética “tercera” alternativa, igualmente izquierdista, con las mismas ideas, políticas y prácticas de estos dos.

 

3-     Que la solución debe andar entonces por los lados de lo que el ciudadano Presidente tanto ataca, ya que eso si debe ser lo contrario, no sólo de él y su revolución, sino de lo que él denomina, la cuarta república, y de casi todo el “liderazgo” político venezolano. No sólo el de partidos, nuevos y viejos, sino muy especialmente el que se autodenomina “sociedad civil”.

 

Y aunque lo que hemos conocido en Latinoamérica, como neoliberalismo, ni es nuevo, ni es liberal, y no pasa de ser la continuación del socialismo, por otros medios. Chávez ciertamente no se refiere sólo a eso. Astutamente se dedica a identificar la doctrina política y económica contraria, con el término que encuentra más desprestigiado y confuso. Pero se refiere realmente al verdadero liberalismo, y no sólo a la mala imitación de caricatura socialista denominada neoliberal. Así que para quien entiende que ser contrario al chavismo, es absurdo si se comparten las bases fundamentales de su doctrina. Expliquemos lo que es la única “ideología” realmente contraria

 

EL PENSAMIENTO LIBERAL VENEZOLANO

 

Las palabras son, hoy mucho más que ayer, “armas arrojadizas”. Vivimos los tiempos de la deconstrucción intencional del lenguaje y negación ideológica de la verdad y la realidad mismas. Por eso es importante entender que lo que se ha entendido en Latinoamérica como Neoliberalismo, es la negación del liberalismo. Ya que si hay quien defiende esa forma de socialismo estatista seudo liberal, tercerista e inevitablemente fracasada. Y de liberales, tales personajes, nada tienen.

 

Hay tres corrientes en el pensamiento liberal Venezolano. La de los partidarios del Estado limitado, entre los que hay tanto liberales libertarios, como lo que en otras partes se podría denominar liberal conservadores. La minarquista, que cree en la conveniencia, necesidad temporal, o lo que sea, de un Estado mínimo indispensable circunstancialmente, por ejemplo en materia de defensa exterior, y coincide con el marco teórico del anarco capitalismo. Y esta última, el anarco-capitalismo, o anarquismo de mercado, que cree en lo que, para ahorrar tiempo, podríamos describir como la privatización y prestación competitiva de la totalidad de los servicios estatales. En lo personal, soy partidario del Estado Limitado, por convicción filosófica realista, así que no coincido con tal marco teórico, porque discrepo de las premisas comunes de todo anarquismo, y de las del anarco capitalismo en particular. Y aunque el único movimiento político liberal libertario de Venezuela, como es Resistencia Civil propone en su declaración de principios y en sus objetivos políticos, la idea del Estado Limitado. Entendemos que -minoritarios en el pensamiento liberal venezolano- tanto  el anarco capitalismo, como el minarquismo, son formas de pensamiento político fundamentalmente liberales. No lo son en cambio las formas de pensamiento político que se derivan, de “posiciones blandas”, conceptual y acomodaticiamente blandas, del tipo de las infelices soluciones públicas que se inventó un liberal como J.S. Mill, para sus problemas matrimoniales privados.

 

LIBERALISMO POLÍTICO

 

La idea política liberal del Estado Limitado algo, obviamente diferente del anarco-capitalismo, pero algo que el termino minarquista no describe en forma alguna. El desarrollo realista objetivo de la tradición política del Estado Limitado, que tuvo su mejor expresión histórica en la primera revolución americana, y que quedó plasmado desde la declaración de independencia hasta la constitución de los EE.UU. Conduce al tipo de propuesta constitucional de Hayek. Propuesta que ni un anarco capitalista ni un “minarquista” compartirían en el fondo. Por lo demás, es apoyándonos en tal forma de pensamiento político liberal, que tenemos actualmente reales posibilidades de avanzar desde la divulgación a la política de cuadros, y desde eso a la política de masas. En tal sentido, veo con alegría como se adhieren a la declaración de principios y objetivos políticos de Resistencia Civil los anarquistas de mercado, y especialmente  los minarquistas “partidarios de un Estado mínimo circunstancial" porque adoptan y defienden tales objetivos en función de un progreso que ellos ven como gradualista. No hay anarquista de mercado, o minarquista, que no prefiera en todo un Estado Limitado en los términos resistentes, ante el desastre actual. Si es consecuente con el sustento moral de sus ideas. 

 

Que los liberales que no tenemos absolutamente nada de anarquistas, y los que se inclinan por lo que un “Lenin” de nuestras filas habría calificado de “enfermedad infantil” actuemos juntos en todo el esfuerzo divulgativo, propagandístico, agitador y político -que conduciría hacia un nuevo experimento, de la trascendencia del que iniciaron aquellas pequeñas y pobres 13 colonias de Norteamérica para finales del siglo XVIII- depende hoy de traducir un ideario político que puede ser tan común como  realista, objetivo y racional, a través de sus fundamentos éticos, en propaganda profundamente emocional.

 

¡En gritos de justicia inapelables en el corazón!

 

Los serviles, y los semi-serviles, han logrado disfrazar su injusticia objetiva, de aparente justicia irracional. Pero los liberales hemos sido incapaces –por ahora- de traducir la justicia objetiva, en justicia emocional. No es su éxito lo que nos debe preocupar, es nuestro fracaso lo que nos debe ocupar. Hay anarco capitalistas y minarquistas que se embarcarán en el esfuerzo político de lograr una nueva revolución liberal, y hay otros que lo torpedearan. Tanto como hay partidarios del Estado limitado que serán consecuentes con sus ideas, y los que hay que no lo serán. Amanecerá y veremos.

 

LOS PROBLEMAS DE VENEZUELA

 

Por lo pronto Venezuela tiene dos problemas tremendos, que son los que ha ocupado por más de una década lo mejor del pensamiento político liberal Venezolano:

 

1- Tenemos, una economía que ya acumula 27 años de decrecimiento sostenido del PIB, en escenarios de inflación y devaluación recurrente, por lo que el empobrecimiento de población es tremendo. Y empezó la cosa en el momento en que el estatismo económico llegó a su máxima expresión; al estatizarse la totalidad de la industria de los hidrocarburos. Sólo que hay antecedentes, previo al decrecimiento, vimos una sistemática desaceleración de la economía, y antes de eso un crecimiento fenomenal. El crecimiento económico en Venezuela es inversamente proporcional al estatismo Económico, y la pobreza directamente proporcional al mismo. Y es un problema, más de leyes, instituciones, y sustrato cultural mayoritario, que de política económica. 

 

1- Tenemos un anacronismo curiosísimo. Nuestro Estado percibe una renta de su patrimonio propio en tal magnitud e importancia, que ha sido funcionalmente independiente de la Sociedad. La sociedad se empobrece mucho, y mucho más rápidamente, que el Estado en la Venezuela del decrecemiento sostenido sostenido del PIB por casi tres décadas.

 

Quienes afirmamos que el Estado tiene funciones naturales (las que se deducen de su naturaleza represiva) sostenemos que ha de dedicarse única y exclusivamente a tales funciones, no porque sean las mínimas en nada. Son las máximas que podría cumplir de forma natural. En tal sentido somos partidarios del Estado natural máximo, y denominamos desborde antinatural y pernicioso cualquier acción Estatal fuera de sus funciones naturales. Que no se ocupe al máximo (no al mínimo, sino al máximo) de sus funciones naturales, nos parecerá una insuficiencia. En la mayoría de los casos, la insuficiencia será menos perniciosa que el exceso. Pero de una insuficiencia completa, pueden renacer las más primitivas y peores formas de aparato estatal expoliador, como nos explica la Escuela de Virginia.

 

En tal sentido entendemos que debemos un marco jurídico e institucional opuesto al Estatismo, y transferir el patrimonio mercantil del Estado a la población. Quienes crean en la presunta utilidad de limitar la acción Estatal en sus funciones naturales, o eliminar por completo el monopolio Estatal, en tales funciones, para trazase objetivos políticos de corto y mediano plazo, encontrarán las dos soluciones necesarias, justas y virtuosas. Ni las verán como finales. Pero de nada sirve soñar con un final, si no se avanza en algo que permita acercarse a tal sueño.

 

UN ASUNTO DE JUSTICIA

 

Para lograr eso, el Estado debe ser limitado tanto en sus funciones, como en el uso legitimo de su poder. Hablar de Estado limitado, y de gobiernos limitados, describe al mismo tiempo lo que es una tradición del pensamiento liberal, en materia del que debe hacer, y que no debe hacer, el poder público, pero también de cómo debe hacerlo, y como no debe hacerlo.

 

Hemos sostenido en infinidad de oportunidades que hay casos concretos en que el tamaño del Estado, en sus funciones propias, es demasiado pequeño, como contraparte de su desborde en funciones impropias.

Es decir. No hay recursos suficientes para policías, tribunales y cárceles. Y como consecuencia, la delincuencia campea, llegando literalmente a gobernar, total o parcialmente, zonas urbanas o rurales de las que el Estado se ha retirado por completo, o casi por completo; el retraso y la corrupción judicial son el martirio del inocente y la felicidad del culpable; las cárceles son antros de hacinamiento y corrupción, en donde los perores criminales gobiernan sus feudos internos, mientras los delincuentes menores, y los inocentes, son sometidos al martirio inhumano (de no tener capacidad para comprar, o asegurar por sí mismos, su autodefensa). Pero mientras tanto, sobra Estado y gobierno para financiar lo que por bueno o noble que luzca, ni es asunto de vida o muerte, ni afecta los derechos fundamentales de seres humanos, como el pagar esquelas en la prensa nacional con recursos públicos. Justicia, no primero, sino única y exclusivamente, es lo que busca el pensamiento liberal venezolano. Y como es la única verdadera respuesta ideológica a la revolución, que se organiza, sin prisa y sin pausa, para luchar por transferir los activos mercantiles del Estado a la Población, detener definitivamente la inflación y la devaluación, y construir una republica liberal, capitalista y popular en la que progrese cada ciudadano decente y trabajador. Y eso, es sólo el principio.
















3erPolo

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