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Con "bolsas" y "vivos" por la anarquía: Armando y uniformando malandros de bando y bando













Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















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El gobierno captura un grupo de extranjeros, con  uniformes militares, pero sin armas, y anuncia la debelación de un plan de acciones terroristas por grupos de delincuentes mercenarios importados de Colombia. Y pese a que la primera "banalización" fue la del General en Jefe (R), declarando sobre los cachitos. El asunto es muy importante. Es importante porque de una parte saltaron voces irresponsables afirmando que se trataba de un "montaje" del propio gobierno, sin tener dato alguno en que soportar seriamente tal acusación. Pero mucho más irresponsables aún son los funcionarios que se dan a la tarea de señalar, por adelantado y sin pruebas, amplios sectores de la oposición política en esto. Y el peor. Más que irresponsable, criminal moral y extorsionista político, sería el diputado y candidato a alcalde revolucionario que declaró que "confirmar en los reparos del referéndum presidencial es firmar por el para-militarismo" mientras se dedicó a deslizar "insinuaciones" cuyo significado real sería: "de eso queda evidencia pública". Y ese no fue el único, sólo fue el más "explicito". 

No es de extrañarse tanta irresponsabilidad politiquera de quinta categoría ante algo tan grabe. Y no sería extraño que las investigaciones lleguen a las mismas "últimas consecuencias" que llegó la "comisión de la verdad" de los hechos del 11, 12 y 13 de abril. Asunto en el que las declaraciones del General en Jefe, no fueran nada banales. Lo cierto es que ya hace tiempo que vemos evidencia, pública, notoria y comunicacional, de la presencia de grupos de delincuentes armados, organizados bajo rangos militares, que dan ruedas de prensa encapuchados, armados y uniformados. Como grupos con objetivos político delictivos, que no forman parte del aparato estatal, tenemos que describir a los que se han dado a la tarea de invadir y ocupar por la fuerza propiedades privadas, urbanas y rurales, y que se han ensartado en batallas campales, con saldo de muertos y heridos, por el control de lo robado. Grupos que han rechazado a tiros a la policía, y grupos que han disparado contra manifestaciones, con armas largas, asesinando activistas de partidos políticos opositores en Catia. Grupos que han celebrado "juicios" revolucionarios, condenado y asesinando a sus victimas. Grupos que aparecen declarando en la prensa, con uniformes, armas largas y enmascarados. Dirigentes fundamentales de partidos revolucionarios con diputados en la Asamblea, de las que leemos declaraciones sobre "sus" grupos "armados hasta los dientes". Pero también está el asesinato de presuntos dirigentes campesinos revolucionarios. Algunos dirán que dichos "dirigentes" lo eran, de algunos de los grupos que he descrito. Pero aún si eso fuera cierto (y yo no tengo pruebas en uno u otro sentido) lo preocupante, es que fueran asesinados por otros grupos armados, igualmente irregulares.

Los liberales queremos un estado que proteja las vidas y propiedades... Más que nada. Un estado Juez y Policía, principalmente. Y un estado conserje, que se ocupe de ciertas obras públicas indispensables. Y nada más. Claro que ante la posible amenaza de otros estados, o de grupos armados y organizados de magnitudes superiores a la de la delincuencia común. Se necesitan ejércitos. Así, no podemos asumir culpa de unos o de otros, pero vemos con profunda preocupación que esta revolución nos conduzca ¡infinita torpeza! de regreso a la anarquía de los ejércitos privados de finales del siglo XIX. ¿Hay gente suficientemente ¡bolsa! en la oposición, para jugar ese jueguito, que sólo fortalece a una revolución a la que aún las instituciones diseñadas por su propio caudillo, le estorban hoy como camisa de fuerza? Pues si... sobran bolsas de ese tipo. Sobran como se ha demostrado hasta la saciedad cuando insisten tercamente en el extemporáneo e inútil llamado a trancar por días y días las calles y avenidas, sin más propósito que el de montar fogatas, y sin más resultado que el justificar una escalada de detenciones, torturas y represión revolucionaria. Esos opositores son el sueño dorado de la revolución, son los que se mueven al son que la revolución toca, los capitanes de todas las derrotas, tan arbitrarios, atrabiliarios y serviles como la revolución misma. Similares, en lo de inútiles para el cambio, y útiles para el enemigo, a las excrecencias humanas que la oposición política organizada se empeña en "heredar" de la más repugnante corrupción de la revolución. La verdad es que la república peligra.

El único posible antecedente de este despropósito no es, en modo alguno, el que fuerzas regulares de marinas de gobiernos extranjeros, atacaran militarmente Venezuela para "cobrar" deudas e "indemnizaciones" que si existían, pero no eran sino una parte de lo reclamado. Caso en cual, por cierto, fue la intervención del "confeso imperialista" e indudable "oligarca" presidente de los EE.UU. Teddy Roosvelt, el que le sacó "las patas del barro" al cabito. No el Mocho Hernández.

El posible antecedente es el que un de los muchos generales privados de la barbarie venezolana de finales del siglo XIX, y principios XX. Quién entiendo por amigos tachirenses, sería el abuelo del Vicepresidente Ejecutivo en funciones, usará tropas privadas, no locales, como se acostumbraba y consideraba normal entonces, sino importadas de Colombia. Lo que no dejó de causar consternación, e introducir cambios en la legislación. Simple curiosidad histórica, porque no llegó lejos aquel General Rangel. Y es claro que sería ridículo asociar a quien buenos años le faltaban para nacer.

Mienten los lideres de la revolución servil cuando afirman que "quieren y necesitan" una oposición política seria y democrática. Lo que necesitan es el desorden, la violencia, y la desarticulación sistemática de la república. Lo que necesitan es usar su propia constitución, y sus propias leyes, como papel sanitario. Lo que necesitan es la máxima torpeza opositora posible. Una oposición seria, con ideas, propuestas y programas radicalmente, no sólo diferentes, sino opuestos, a los de la revolución. Una oposición seriamente comprometida a derrotar a la revolución en su propio juego, y con su propia constitución, es la pesadilla de la revolución. Es lo último que quieren. Porque esa será la oposición que no sólo los derrotaría, sino que desmotaría civilizadamente toda la arquitectura jurídica e institucional de la revolución para sustituirla por una nueva república liberal en la que la soberanía resida en el individuo, el estado exista únicamente para garantizar esa soberanía y la posibilidad misma de la tiranía, especialmente de la tiranía de las mayorías, se torne imposible. Crear esa oposición política es un trabajo lento y difícil, pero sin eso, seguiremos cayendo en el abismo de la anarquía al que nos empujan los revolucionarios y los tarados que les hacen el juego. En el campo de las instituciones, y de los votos. La revolución está perdida... no necesariamente en lo inmediato, pero está perdida. En el campo de la anarquía y la violencia, la revolución tiene la victoria hoy, y mañana, garantizada. Hay que dar las peleas en el campo en se pueden ganar, eso es obvio, pero eso tan obvio, es sólo el principio.
















3erPolo

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