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Ecologismo político: Mentiras serviles y politiquería barata













Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















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Desde mediados del Siglo pasado los académicos han venido construyendo diligentemente un nuevo conjunto de teorías anticapitalistas que han alentado el crecimiento de un ecologismo político que incluye desde partidos como el partido verde alemán, pasando por ricas organizaciones transnacionales como Grennpeace, hasta pequeños grupos terroristas defensores de los derechos animales. El aliento teórico de todos se basa en el criterio académico de extender las tesis maltusianas de los alimentos a una amplísima gama de recursos, para predecir todo tipo de catástrofes inminentes.

 

En la universidad de Stanford, el biólogo Paul Ehrlich, Lester Brown y el equipo que desarrolló el famoso informe Límites del Crecimiento, para un grupo de poderosos burócratas, políticos y directivos de corporaciones unidos en el Club de Roma, todas las catástrofes posibles han sido anunciadas para el futuro cercano por los teóricos del ecologismo maltusiano. Sería gracioso ver como las catástrofes se van corriendo en el tiempo, de la misma forma que las superficiales opiniones favorables de algunos famosos economistas, sobre la planificación central desaparecen de las nuevas ediciones de sus viejos tratados sin explicación alguna para el lector-, pero no lo es porque las soluciones propuestas por tales aspirantes a aristócratas mandarinescos son la causa de que las tragedias ocurran, pero únicamente a las poblaciones sometidas a sus recomendaciones por gobiernos totalitarios.

 

Ehrlich, aún afirma que la mayoría de la gente no reconoce que, al menos los países ricos, el crecimiento económico es la enfermedad no la cura afirmó desde 1968 que sería imposible que la India alimentara a 200 millones adicionales de personas para 1971. En la edición de 1980 de su libro, la bomba poblacional, omitió todos los comentarios sobre el asunto, posiblemente porque los hindúes estaban exportando excedentes de granos a la URSS en 1980. Los académicos sofistas del colectivismo demostraron a finales del Siglo pasado su completa falta de ética profesional con ese tipo de ediciones revisadas de sus libros, porque su objetivo nunca fue la búsqueda de intelectual de la verdad, sino la construcción de soportes teóricos para el ecologismo político.

 

EL COLECTIVISMO ECOLOGISTA ANTITECNOLÓGICO

 

Con ecologismo político sí que se cumple la Ley de los Rendimientos Decrecientes, de hecho su caudal electoral crece sólo hasta cierto punto y bajo ciertas circunstancias, pero no es capaz de dar una respuesta política integral a la mayoría. Ese papel lo tiene el neocomunismo, que integra el malthusianismo de los ecologistas políticos desarrollando coherentemente sus implicaciones más obscuras. Los teóricos presentan la ecuación I = PAT, esto es: impacto ambiental, es igual a producción multiplicada por consumo, por afluencia y por tecnología.

 

Esto es ridículo, de hecho toda la evidencia paleontológica, arqueológica e histórica muestra que la introducción sistemática de nuevas tecnologías reducen el impacto ambiental de la producción, pero si las tecnologías no se modificasen, la ecuación tal vez sería correcta. Desde que Marx y Engels afirmaron que el fusil de retrocarga de la guerra franco-prusiana sería el máximo desarrollo posible de tecnología en ese campo, hasta que Mijail Kalasnikov diseñase el AK 47 en la muy marxista URSS, y en el presente, los teóricos colectivistas siempre se han mostrado extremadamente prejuiciosos con las nuevas tecnologías. La única construcción teórica que ha servido para justificar tal prejuicio, es la que se deriva del ecologismo neo-maltusiano. Un ecologista como Michael Tobías afirma que tendrán que constreñirse drásticamente las libertades básicas, puesto que no habrá suficiente aire y agua limpios, mientras que un profesor de medicina de la Universidad de Leeds en el Reino Unido defiende el no transferir a los pobres del tercer mundo la tecnología médica básica que evite una alta tasa de mortandad infantil, a menos que previamente se implementen severos programas de control de la natalidad.

 

EL NEOCOMUNISMO

 

Si el malthusianismo fuese conceptualmente cierto, el crecimiento de la producción conduciría fatalmente a catástrofes ecológicas que reducirían la producción y finalmente llegaríamos realmente a las hambrunas globales pronosticadas como inminentes desde hace ya más de dos siglos. Para evitar tales catástrofes, los ecologistas proponen un empobrecimiento intencional, más o menos severo, en el frente económico y severas medidas de planificación familiar en el frente poblacional. Para el neomalthusianismo, la mejor organización de la sociedad no sería aquella capaz de producir un bienestar creciente para una población creciente, sino aquel capaz de detener ordenadamente el crecimiento de producción y población y distribuir la producción decreciente de la forma más equitativa posible. Como los marxistas ya han demostrado su incuestionable capacidad de producir y distribuir pobreza mediante planificación central de la economía, el neocomunismo simplemente ponen los objetivos en concordancia con las capacidades. Ahora no sería necesario falsear estadísticas de crecimiento, la reducción de la producción como objetivo es incuestionablemente alcanzable con la organización colectivista de la sociedad bajo el control de un estado totalitario... y eso es el neocomunismo.

 

LA REALIDAD SE IMPONE

 

Lo importante no es sólo que la teoría neoclásica del crecimiento económico, en la que se apoyan aplicaciones inconsistentes de Ley de los rendimientos decrecientes a la economía en general, sea falsa sino que la ley neo-malthusina de I = PAT en realidad debe ser I = PAR / NT pues si entendemos que P es resultado de la tecnología existente, y que el impacto ambiental de la producción será mayor en la medida en que se le someta al mayor número de regulaciones (R) lo que reduce I es la introducción de nuevas tecnologías NT. Y la Novedad Tecnológica es tanto como NT = T IT D, que es Tecnología, multiplicada por Ideas y Técnicas Productivas, multiplicadas por Demanda (D). Mi respuesta es entonces I = PAR / T IT D. Y aún así se puede discutir mucho el asunto de la "afluencia", pero si entendemos que mientras mayor sea la demanda, y por ende la producción, menor será el impacto ambiental de cada nueva unidad de producto, y  por eso mientras  mayor, más diversificada y más rentable producción, menor será el impacto ambiental de toda la actividad productiva, mi ecuación resulta una aproximación (y sólo eso) más realista a lo que realmente ocurre que la tontería de I = PAT. Resulta que los mientras más y mejor produzcamos, menos desperdicio y daño ambiental veremos. Nadie que vea de cerca la pobreza puede tener dudas sobre que las malas condiciones de vida producen mayor "impacto ambiental" que las mejores condiciones de vida. Y eso significa que toda la legislación, de cuarta y quinta, relacionada con los asuntos "ambientales" está basada en un absurdo, por lo que para reducir el impacto ambiental en Venezuela hay que empezar por derogar todas las leyes ambientales que se basaron en premisas falsas.  Pero eso, claro está, es sólo el principio.
















3erPolo

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