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Los vientos del cambio: Finalmente llegamos al principio














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















Las fragilidades de un sistema no provocan rápidamente su caída
a menos que alguien las ponga de manifiesto
y deje que sus efectos sean notorios rehusando ayudarlo.  
Jean-François Revel

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El gobierno revolucionario, que tras casi nueve años en el poder anuncia que ¡finalmente! empieza su revolución, ya es el pasado político de la mayoría de los venezolanos; cosa buena porque ha sido y es un gobierno muy malo que siempre se escudó en que los de antes fueran aún peores, pero sobre todo porque en la medida que finalmente adelante su verdadero proyecto será cada vez peor respecto de aquello que le interesa realmente a casi toda la población: Prosperar en paz. Que ironía, tras casi nueve años finalmente llegamos al principio, al principio de una revolución que ya está envejecida, y al del surgimiento de una peculiar oposición, desconectada del pasado en el rechazo a las pretensiones de esta revolución socialista.

Pese a lo anterior, una extraña sensación de aburrimiento ante el absurdo repetido que supera en mucho al simple rechazo produce escuchar en estos días la repetición ocasional de las solemnes tonterías de un pasado que pese a lo reciente nos está comenzando a lucir lejano y remoto. Son las tonterías que inspiraron, condicionaron y causaron todos y cada uno de los fracasos de los esfuerzos de las diversas “unidades” opositoras variopintas, antipolíticas, inmediatistas y más enemigas de la razón que del socialismo empobrecedor que nos desgobierna hoy. Es la sensación previa al “desconectarse” con que reaccionábamos de adolescentes ante el regaño cansón y repetitivo por aquello con lo que en realidad poco o nada teníamos que ver.

Curiosamente, la misma reacción de hartazgo ante la repetición interminable de la insensatez la ocasiona hoy el discurso del poder socialista del siglo XXI que se puede resumir el la respuesta del inefable ministro Chacón al insólito hecho de que un par de notables factores de la oposición política socialista tradicional reencauchada (blancos reencauchados de azul y verdes de amarillo) casi milagrosamente comenzaran, tarde y mal, a ocuparse de los problemas que realmente sufre el venezolano de a pie, especialmente de aquellos a los que en casi una década el gobierno revolucionario le puso escasa o ninguna atención, como la inseguridad personal creciente. Acusar a la CIA en “conchupancia” con los dueños de los medios privados locales –exceptuados los panas de la revolución y sus medios igualmente privados e igualmente locales– de los problemas que son incapaces de enfrentar es un lugar común de tanto tiempo atrás en la política Latinoamericana, que escucharlo otra, y otra y otra vez en las declaraciones del poder rojo rojito ya aburre más que una película muda por radio. Y no deja de ser curioso que es aburrido discurso en mucho se alimenta de esa otra insensatez de la politiquería antipolítico a la que le debe tanto como el poder mismo que hoy disfruta. Ambos aburren a muerte, como aburren a muerte los expertos analistas que de uno u otro lado, se dedican en la misma clave y estilo a diseccionar dichos esperpentos.

¿Aquella clase media antipolítico de ideas ñangarosas mal digeridas con escocés de 24 años que votó abrumadoramente a Hugo Chávez hace ya casi nueve años y celebró su entronización como la llegada del Mesías, tras arrepentirse como se arrepentió (a medias y sin asumir respnsabilidad) podía acaso ser el cerebro y el nervio de una fuerza política nueva que derrotase al socialismo del siglo XXI? Pese a los muchas debilidades intrínsecas del dicho nieto del puntpofijismo, la respuesta lamentable fue y es: ¡nunca! pero necesario era acompañarlos siempre hasta el borde del despeñadero de derrotas por el que se empeñaban en lanzarse, vez tras vez.

¿Es difícil de entender que a quien le gustaban las novelas del dos y la radio róchela, le importa tres pitos de quien sea o deje de ser el dicho canal, y los intereses de aquellos dueños, pero rechaza profundamente la medida del gobierno que le quitó la novela y la róchela (en la televisión aunque sí en el manejo de los recursos públicos) dejándole en cambio un  bodrio intragable de televisión “social”? Me temo que para los políticos de uno y otro bando, que no disfrutan las telenovelas ni la róchela, no es difícil, sino imposible de entender el verdadero fondo de ese malestar.

¿Es difícil de entender que muy por encima de los aciertos y errores de sus accidentales lideres, los jóvenes universitarios se están transformando en factor político activo porque tienen todas las razones del mundo para temer seriamente por su futuro? Pues para quienes se empeñan en que el problema es Chávez, o que el socialismo tiene algún futuro, con y sin el dicho caudillo, la verdad es que no es posible entender realmente el fondo del asunto.

Y el fondo del asunto es que una generación a la que no es posible acusar de representar al demonizado pasado puntofijista está entrando en la política, en uno y otro bando... pero está entrando en medio de un artificial boon de petrodólares que como los anteriores terminará en crisis y frente a unas mayorías que comienzan a temer, por muy buenas y personales razones... a quien hasta ayer aplaudieron... por muy buenas y personales razones.

Tenemos una clase política a la que su actual hegemón acostumbró a medrar, en gobierno y oposición, de la confrontación irracional apasionada... y una sociedad que comienza a pedir paz. Tenemos un gobierno que, obligado por su ideología, no puede más que proclamar las virtudes de la pobreza y la escasez... y una sociedad que ansia la prosperidad y la abundancia.

Tenemos una oposición política tradicional –o reencauchada– que no puede más que mencionar los problemas del venezolano de a pie –cosa que en ellos ya es un progreso sin ofrecer solución viable alguna, porque aunque con cierta moderación, comparte lo fundamental de la visión del mundo que inspira la ideología del gobierno en poder, la del estatismo que jamás, en versión o tiempo alguno, a producido otra cosa que pobreza material y moral.

Estamos ante los primeros síntomas de la ruptura entre el futuro y el pasado, entre las mayorías y la clase política en el poder… incluida en buena parte aquella que se denomina opositora; pero apenas está empezando. Tras casi una década, la quinta república ya es el pasado para una sociedad cuya edad promedio es de menos de 23 años. Tras mucho discurso y algunos magros pero cruciales resultados en materia de inclusión, quienes superan el umbral de la pobreza quieren seguir avanzando... y no hacia la pobreza “virtuosa” del socialismo retrogrado que les proponen desde el poder. Lo que ya es pasado en el poder se negará morir –como no, sí el hoy remoto aún no termina de morir del todo– y se mantendrá todo lo que pueda… pero como el pasado puntofijista pasará, creo que mucho más rápido hoy que ayer.

El futuro, que puede ser mejor o peor, es algo que tenemos que comenzar a construir hoy, cuando finalmente llegamos a la línea de partida de la carrera hacia ese país desconocido que será. Y los liberales al menos, en esa dirección nos estábamos moviendo desde hace ya cierto tiempo. La oportunidad y el peligro son las dos caras de una misma moneda, y un futuro brillante nos ha de costar un trecho largo aún en lo peor del pantano en que irresponsablemente se arrojó esta sociedad en 1945, enfangándose cada vez más, y más, en el mismo barro de las promesas socialistas imposibles de ayer y hoy, pero quizás, solo quizás, ya no más mañana. Soplan por primera vez desde 1999 vientos de cambio, y levantan hedores pútridos de lo que en estos años se había estancado, como es natural... pero es buen síntoma. Es el principio de algo, posiblemente el principio del fin del socialismo del siglo XXI en Venezuela, para lo que aún queda mucho camino, porque esto es solo el principio.
















3erPolo

 
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