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Más y más de lo mismo: Mientras más socialismo más pobreza














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















La libertad no consiste en tener un buen amo, sino en no tenerlo. 
Marco Tulio Cicerón

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Lo he dicho antes y lo diré de nuevo; hay  temas recurrentes en la discusión política venezolana: El alto costo de la vida. La inseguridad creciente. El gobierno que incumple sus promesas. Deuda pública, devaluación, controles y descontroles, corrupción desbordada y exhibiciones de riqueza mal habida escandalosas en las altas, medias y bajas esferas del poder público, abusos de poder de todo tipo, entre los que incluyen presuntas violaciones, asesinatos y desapariciones, y un largo etcétera de temas que se repiten gobierno tras gobierno, y que ponen y sacan gobiernos... con los votos por ahora, pero ya el actual presidente electo reinauguró, con eso que llaman “intentona” la vía del golpe del Estado –aunque fallido– dos veces... y los enemigos que más se le parecen, hasta en eso se le quisieron parecer, tanto por golpistas como por finalmente fallidos. Pero teníamos algunos años sin  escasez de azúcar, y por lo mismo sin oír a los voceros del gobierno bramando ¡especulación!... exactamente los mismos años que  teníamos sin controles de precios. Y teníamos décadas sin temas como las invasiones, agrarias o urbanas, tantos como pasaron desde el notorio fracaso de la reforma agraria del socialismo adeco, y desde que sus amplias y numerosas invasiones urbanas lograsen sus objetivos políticos electorales. Ahora hay nuevos socialistas en el poder, y con ello nueva reforma agraria y nuevas invasiones. Y como son más de lo mismo, pues son más las expropiaciones, incautaciones, afectaciones, recuperaciones, el cooperativismo, los créditos blandos para los “del partido”.. y para más nadie, así como las invasiones. Siempre hay algo nuevo en el ámbito conceptual, como la “propiedad precaria” pero son más cambios de nombres que otra cosa.

 

Más, y más, y cada vez más de lo mismo pone las cosas cada vez  peores en una economía venezolana que se puede resumir en una única lección:

 

El estado venezolano es dueño del 80% del capital no residencial desde hace unas tres décadas, y la parte más importante de ese capital está en el monopolio petróleo. Así, el gobierno es el dueño del 80% de las divisas que ingresan al país, y dependiendo del precio del petróleo el gobierno gasta 30, 50% o más de lo que le ingresa. Como siempre más de la mitad, y en ocasiones cerca del 80% del gasto regular del gobierno está comprometido en bolívares. Si el gobierno devalúa, recibe más bolívares por sus petrodólares y puede cubrir su enorme déficit, pero cada vez que devalué, un mayor número de bolívares con igual o menor número de bienes y servicios producidos, significará aumentos en los precios... impopulares para quien depende de los votos. O al menos de la popularidad. El gobierno entonces no devalúa, o devalúa menos de lo que necesitaría, pero como sigue sin tener de donde cubrir su enorme gasto, incluso en momentos de muy altos precios del petróleo, pide prestado para pagar... y tarde, mal y nunca... paga. Pero la deuda significa intereses, intereses cuyo servicio ya podría andar por el 40% del presupuesto, de no ser por la coyuntura del mercado petrolero... y aún con ella, considerando que nuestro ministro de finanzas pidió dinero prestado para pagar los intereses de las deudas anteriores. Tanto como se aguante la devaluación hoy... mayor será mañana. Tanto como no se pague lo que se debe hoy, mayor será el peso de esa deuda mañana. ¿Y quién paga por todo este desbarajuste? Pues la gente decente y trabajadora que ve sus ingresos desvanecerse, sus ahorros devaluarse y su futuro ennegrecerse... y que vota siempre por un cambio... que siempre la deja peor que antes.

 

¿Y por que no se reduce el gasto, me preguntará Ud.? Poder se puede, pero hay que dejar de gastar en algo, y de ese algo, alguien se está favoreciendo hoy, como alguien se favoreció ayer. Puede que cambiara ese “alguien” pero siempre hay alguien para defender todo privilegio. Para reducir el gasto hay que atacar decididamente a la casta de zánganos que pretende vivir del gasto público a cuenta de la "importancia" de sus actividades. Un Estado que no tienen recuersos suficientes para cárceles, policías y tribunales... y menos para hospitales y escuelas básicas no puede andar subsidiando la educación superior, la cultura, el deporte o las bellas artes. Pero la mayoría sigue votando por los subsidios, los controles y el gasto público, porque las mayorías no ha terminado de entender que los subsidios y las ayudas misioneras y sociales para las mayorías son las sobras de un festín que precisamente las mayorías han pagado completo. Cuando las mayorías entienda eso... se acabará el festín y los zánganos responderán por sus actos.

 

Gastando a manos llenas por el mundo entero, con Chávez manda el pueblo, de eso no hay duda, especialmente si como decía en las vallas “Chávez es el pueblo” pero en todo caso manda el pueblo que lo ha votado antes –aunque no sea el que gasta a manos llenas en exóticos parajes allende los mares– y es el mismo pueblo que estaba en AD, el partido del pueblo, que cansado de fracasos se saltó en masa su propia talanquera y que misión mediante se ha quedado donde está, cada día con más resignación y menos esperanza. La cosa es que estamos viendo la misma película de nuevo. Y encima nos proponen elegir entre eso... y más o menos eso mismo, con una par de candidatos únicos del socialismo, del siglo XX uno, y del siglo XXI el otro.  Y no por falta de más, sino por falta de diferencias de fondo entre todos los que hay. Todo eso ya se hizo, todo eso fracasó. Está revolución es una película repetida que ya nos empobreció, antes, nos empobrece ahora, y nos empobrecerá mañana.. Mencioné antes que de hace unas tres décadas el 80% del capital no residencial es del Estado en Venezuela, que es lo mismo que decir que este es un país socialista desde hace al menos tres décadas, y como el socialismo empobrece material y moralmente a las sociedades sobre las que rige, ahora que tenemos más socialismo aún que antes, tendremos mayor empobrecimiento material y moral. Voltear esa tortilla de capital requiere entregar directamente a los ciudadanos, no limosnas de la renta al estilo del socialismo populista de unos y otros, sino el capital en forma de títulos, empezando por las acciones de PDVSA, y junto con ellos el poder y la responsabilidad de decidir sus propios destinos como ciudadanos de una nación libre en que el Estado dependa de la gente, y no la gente del Estado. Y eso, es solo el principio.
















3erPolo

 
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