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Repensando un futuro en libertad














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















El Capitalismo ha sido el único sistema de la historia en el cual la riqueza
no se ha adquirido mediante saqueo, sino mediante producción,
no por la fuerza, sino mediante el comercio,
el único sistema que ha defendido el derecho de los hombres
 a su propia mente, a su trabajo, a su vida, a sí mismos.  
Ayn Rand

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Una de las razones por las que siempre será mejor que cada quién planifique sobre su propia vida y su propios recursos, en lugar de pretender que algunos seudo-iluminados planifiquen la vida y los recursos de los demás sin conocer bien las circunstancias de cada uno, ni poder llegar jamás a tal conocimiento en una sociedad numerosa, es que el poder de los iluminados planificadores colectivistas borra, con su mera existencia, uno de los más poderoso motores del desarrollo de la civilización humana, como es un fenómeno peculiar llamado “empresarialidad”. Tal empresarialidad está definida por la identificación y aprovechamiento de oportunidades, pero la identificación y aprovechamiento de oportunidades, antes que otros las vean, es una habilidad que el hombre requiere, y despliega, en áreas de conducta que van desde la búsqueda de pareja, y el desarrollo de lazos interpersonales, hasta el arte y la cultura, sin dejar de lado la política. El punto no es, hasta que punto se pueden analizar las conductas humanas en términos económicos, ya que todas las conductas humanas se pueden analizar así, sino entender que la naturaleza de la ganancia que se busca en el esfuerzo por identificar y aprovechar oportunidades no reveladas, puede variar mucho de individuo a individuo. Quien descubre nuevo conocimiento científico, antes que otros, puede ver o no su éxito recompensado. Pero si lo ve, será en prestigio y reconocimiento, mucho más que en capital. Aunque en algún grado lo primero conduce a lo segundo. Pero quién identifica y aprovecha una oportunidad empresarial notable, verá su éxito traducido, más en capital que en prestigio y reconocimiento. Aunque en algún grado lo primero conduce, nuevamente, a lo segundo.

Cualquiera que sea el fin, la experiencia y el aprendizaje son medios, desde los que se puede desarrollar la innovación, en la medida que ello pueda conducir a los fines de quien lo hace. Pero la cultura y las instituciones pueden ser muy hostiles a la innovación. En realidad tal hostilidad ha sido los común a lo largo de la evolución social de la humanidad pues la innovación tiende, inevitablemente, a poder en duda no sólo la experiencia, sino el conocimiento y aún la tradición, que es la fuente de legitimidad del primaria poder gubernamental establecido. Y un poder establecido, mientras menos limitado sea, más conservador se tornará. Es por ello que la quimera de un liberalismo económico combinado con el conservatismo político, en la medida que se realice por medios indirectos, producirá un sistema de privilegios que en poco se diferencia de cualquier versión que se pueda calificar de moderada del proyecto neo-socialista, de la reciente experiencia de los viejos socialismos, o incluso de la naturaleza del antiguo régimen; en un creciente abuso aristocrático del poder. Si lograse establecerse abiertamente, la diferencia sería aún menor, especialmente con el último. Tal y como ha tendido a ocurrir con los viejos socialismos, y ocurrirá en el neo-socialismo; el engendro ideológico que se produce al combinar contra natura liberalismo con conservatismo únicamente lograría, de tener éxito amplio, que la lógica de la acción pública racional, transformase irremediablemente cualquier tipo de poderosa y supuesta meritocracia censataria; en poderosa y real, además de tiránica, aristocracia hereditaria. Y no es para tomarlo a la ligera, el marxismo ya instauró su primera dinastía hereditaria en Corea. Y adoptó soluciones de forma capitalista y fondo mercantilista –lo que se podría considerar una forma muy desviada de capitalismo oligárquico– en China para estabilizar la dictadura del partido y prevenir un colapso de tipo soviético, llegando a tolerar, y a gobernar sobre, un capitalismo mucho menos desdibujado en Hong Kong, pero únicamente como privilegio restringido, admitido por la gracia del soberano. Las dos cosas juntas, y llevadas hasta sus últimas consecuencias, serían un engendro servil de castrado liberalismo económico, otorgado en función de sus propios fines, por la tiranía ultra-conservadora política de una aristocracia mercantilista institucionalizada. Engendros son lo único se obtiene de tales mixturas, la libertad es una e indivisible, no se puede ser liberal para unas cosas y servil para otras, o se es liberal o se es servil.

El que los primeros esfuerzos por alcanzar una institucionalidad liberal, pese a sus impresionantes resultados, degenerasen en un par de siglos por deficiencias no consideradas por sus propulsores, no justifica un retroceso hacia los principios serviles por vía alguna. No se justificaba, cuando los adoptó de forma asombrosamente abierta un marxismo que se dio el lujo de proclamar la dictadura del proletariado, ejercida por la vanguardia del partido resumida en la persona de su máximo líder, caso tras caso, y lo sigue haciendo. Ni encubierto en el tipo de experiencia neosocialista que retoma en absolutismo por la vía democrática; pero menos aún abierto el tipo de doctrina servil que se disfrazará de liberalismo y se auto-denominará injustificadamente derecha. Sin ser lo primero en forma alguna, ni representar lo segundo realmente en las circunstancias presentes. Debemos asumir que a doscientos años de la primera, el siglo XXI nos exige una segunda gran revolución liberal, porque se requieren hoy nuevas –y completamente diferentes– instituciones liberales democráticas como explica en su libro en “Derecho Legislación y Libertad” el Nóbel de economía Friedrich Hayek: “No es razonable esperar que en los miembros de asamblea parlamentaria sensibilizada a la idea de que deben velar por los intereses de sus electores vayan a coincidir las cualidades humanas que los teóricos de la democracia atribuían a quienes debieran representar una muestra fidedigna de la opinión popular. Tal realidad, sin embargo, en modo alguno implica que, en la medida se le solicite a las masas la elección de representantes a quienes les esté vedada la posibilidad de otorgar concretos favores o prebendas, no vayan aquéllas a ser capaces de seleccionar a hombres cuyo buen criterio merezca su confianza, sobre todo si la elección se realiza entre personas que, en el desarrollo del cotidiano quehacer, hayan alcanzado buena reputación.
Parece, pues, conveniente encomendar la labor legislativa propiamente dicha a una asamblea de hombres y mujeres elegidos para la función pública a una edad relativamente madura y por un período de tiempo suficientemente dilatado…”

El crecimiento de la economía global generación tras generación, y con él la prosperidad creciente de la humanidad, dependen críticamente de la relación entre institucionalidad, innovación y empresarialidad. Y hay una serie de relaciones de causa efecto evolutivas entre cultura, instituciones, libertad, innovación, empresarialidad, crecimiento y prosperidad. En la medida que la evolución cultural e institucional permitan el desarrollo libre de los individuos en grandes sociedades, la innovación superará al conservatismo de forma amplia, y la empresarialidad identificará la demanda potencial con menor margen de error. Así se garantiza un nivel de vida creciente, con impacto ambiental decreciente. Ahora, ello depende del resultado de una guerra cultural por definir lo que debemos considerar “el bien” que se puede resumir en si ha de prevalecer el individuo real en sociedades libres, o la mentira colectivista en sociedades esclavas. A la larga, la humanidad tendrá un futuro de libertad, o simplemente no tendrá futuro. Pero, fuera de lo que le indique la fe en la personal creencia religiosa a cada cual, lo que sabemos realmente es que ninguna las dos cosas está predestinada o garantizada. Un futuro de libertad tenemos que empezar a construirlo hoy, y eso es solo el principio.
















3erPolo

 
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