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Sin otra oposición no habrá otro gobierno














Guillermo Rodríguez G.





3erPolo
















Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública:
la ignorancia y la debilidad.
 Simón Bolívar

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Es curioso como un gobierno al que la astuta movida adeca del retiro de candidaturas dejó con un “ojo morado” se sigue golpeando él mismo ese moretón. Que no otra cosa son las amenazas ejecutivas de ilegalización de los partidos que retiraron las candidaturas, el declarado deseo de implementar nuevamente la cuarta republicana obligatoriedad legal del voto. Y una “adicción” de “conspiraciones magnicidas” tan grande que si no las arma la más torpe oposición militarista las inventan los adictos. Pueden “arrancarse el ojo” por ese camino. No falta quien estaría feliz tuerto, si ve ciego al que envidia. Y la envidia es el combustible real del socialismo... de Platón a la fecha.

 

Pero en la Venezuela del siglo XXI el problema que significa para el gobernante una Asamblea en que la totalidad de los diputados son tan socialistas como fieles seguidores del Presidente de la Republica. Asamblea electa efectivamente por poco más del 15% de los votantes inscritos (únicamente a ese efecto hay que restar la abstención, el alto número de votos intencionalmente nulos y los de los candidatos opositores que manteniéndose no resultaron electos) Sería manejable para políticos entendieran que están en el poder por haber ganado elecciones, no como producto de una revolución. Y no es ese el caso actualmente.

 

Como quienes nos gobiernan se empeñan en creer que están rehaciendo las revoluciones socialistas del siglo pasado ¡sienten! que requieren del control absoluto del aparato del Estado para intentar el imposible de cambiar por fuerza la naturaleza misma de la especie humana, según los dictados que su supremo caudillo ordene y mande... al costo de miseria, muerte y destrucción. Eso, no otra cosa, han sido y siguen siendo todas las revoluciones socialistas. Mientras como gobernantes electos requieren de representatividad democrática opositora en instancias del mismo Estado. Cosas mutuamente excluyentes en cuya reconciliación “nuestros” socialistas del siglo XXI, a las primeras de cambio, no “dan pie con bola” en el truco que estabilizó por décadas al socialismo adeco que los precedió.

 

Por el lado del socialismo opositor, la cosa no está menos complicada. Una cosa fue robarle el “show” de asumirse jefes de la totalidad del abstencionismo al partido del anti-partidismo y su candidata proconsular Maria Corina Machado,  disparando por mampuesto contra la candidatura de Julio Borges, cosa que escalarán en la medida que se caliente la rebatiña por la candidatura “unitaria” del 2006. Y otra muy diferente que la abrumadora mayoría de los abstencionistas, no sean seguidores, ni del socialismo puntofijista (temprano o tardío) ni del oportunismo proconsular de la seudo sociedad civil... así que la mayoría real del país, en realidad no es ni chavista... ni escuálida.  Y únicamente por un menguando publico escuálido se limitan a luchar ahora los partidos puntofijistas, afines disfraces de “outsaiders” y las aspirantas a proconsulas.

 

Mientras tanto... el verdadero problema sigue siendo el socialismo. Tanto el “moderado” que nos empobreció antes, como el “radical” que nos empobrece hoy. Ni uno ni otro socialismo nos conducirán a la prosperidad jamás. Y en Venezuela el chavismo será el mejor, más numeroso y más legitimo representante del socialismo... así que por décadas será imposible derrotarlo con “otro” socialismo.

 

Seguimos necesitando la construcción de una verdadera alternativa política contraria al socialismo populista. Los desunidos y enfrentados candidatos de “la unidad” desperdiciarán, todos y cada una, la posibilidad de representar una verdadera alternativa ideológica al socialismo misionero. Sin entender que más de la mitad del país rechaza lo que tienen en común cuarta y quinta: el populismo socialista del pan para hoy que están altos los pecios del petróleo... y hambre para mañana cuando eventualmente bajen. Y me temo que en tal escenario el socialismo misionero logrará “la mayor de las minorías votantes” abusando groseramente de los recursos del Estado para fines partidistas,  empleando nuevas “listas de Tascón”, reprimiendo... o haciendo lo que tenga que hacer. Pero únicamente mientras sigamos teniendo una oposición política incapaz de entender cuatro cosas:

 

1- Que es imposible para el socialismo no ser populista con un escenario de lucha electoral. Y que entre los populistas ganará el más auténticamente populista.

 

2- Que lo contrario del socialismo populista es el capitalismo popular... no “otro” socialismo, ni la seudo sociedad civil y sus politiquerías proconsulares.

 

3- Que la mayoría de las fortunas (no todas por fortuna) de la Venezuela de cuarta y quinta han crecido sin conocer la competencia, al amparo del privilegio gubernamental de ayer y hoy. Con lo que temen más al capitalismo popular que al castro-comunismo.

 

4- Que la mayoría que rechaza todos los políticos socialistas y afines, de lado y lado, NO conoce aún una alternativa que represente algo tan radicalmente diferente y tan orientada a sus legítimos intereses, como para superar apatía y rechazo. Y que al conocerla no la adoptarán por “iluminación instantánea” sino como resultado de un trabajo político serio y largo.

Construir el capitalismo popular en Venezuela empieza con un verdadero un tercer polo político, que finalmente equilibre una democracia seria con un espectro político completo. Un movimiento que derrote democráticamente al socialismo misionero, pasando por encima de su espejo del pasado... y su espejito proconsular  Ni socialismo ni golpismo alguno son solución porque combatir “el fuego con fuego” lo único que deja es “tierra quemada”. El problema es que tenemos un gobierno socialista tan malo que llega a ser “la cuarta república a la quinta potencia” y una oposición socialista tan mala que es incapaz de derrotarlo en buena lid. Para llegar a tener otro gobierno primero necesitamos otra oposición. Una que defienda las ideas contrarias de las del gobierno sin temor. Y eso es solo el principio.
















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